El proyecto acompañó a 368 familias desplazadas en Sénou y reforzó el liderazgo de las comunidades locales ante una crisis marcada por el conflicto, la precariedad y el cambio climático
La crisis del Sahel no es solo una emergencia humanitaria. También tiene causas políticas, económicas, históricas y climáticas. En Mali, cientos de miles de personas viven desplazadas desde hace años, en muchos casos en condiciones de extrema precariedad.
En el asentamiento de Sénou, en la periferia de Bamako, 368 familias desplazadas afrontaban dificultades para acceder a una vivienda digna, saneamiento y alimentación adecuada. Para responder a esta situación se desarrolló «Gnôgôn dèmè», que significa “juntas construimos bienestar” en bambara.
El proyecto fue impulsado por IAMANEH MALI, con el acompañamiento de CooperAcció, y contó con financiación del Ayuntamiento de Tarrag
ona a través de su convocatoria de Acción Humanitaria 2025.
Una respuesta humanitaria con dimensión política
«Gnôgôn dèmè» partió de una premisa: la acción humanitaria no puede limitarse a atender las consecuencias de las crisis, sino que también debe prestar atención a sus causas.
El proyecto situó la crisis de Mali en un contexto marcado por más de una década de conflicto, desplazamientos forzados e inseguridad alimentaria. También puso el foco en las responsabilidades políticas, económicas e históricas y en el impacto de la intervención militar francesa en la evolución del conflicto.
A esta situación se sumó la emergencia climática. Las fuertes lluvias de 2024 y 2025 destruyeron refugios improvisados y provocaron el colapso de letrinas comunitarias en Sénou, agravando las condiciones de vida de las familias desplazadas.
Las comunidades, protagonistas
La intervención no se planteó únicamente como una entrega de recursos. Partió de las capacidades organizativas que ya existían en la comunidad y buscó reforzarlas.
Entre las actuaciones desarrolladas estuvieron la rehabilitación de letrinas, la distribución de toldos y kits alimentarios, la formación en higiene ambiental y el acompañamiento a estructuras comunitarias.
Las mujeres ocuparon un papel central. Los comités de mujeres participaron en la toma de decisiones, la organización comunitaria y el mantenimiento de las infraestructuras. La distribución de recursos incorporó además criterios de equidad para priorizar a hogares encabezados por mujeres, personas con discapacidad, mujeres gestantes y lactantes y otras situaciones de especial vulnerabilidad.
Liderazgo local frente a las relaciones desiguales
Otro de los ejes del proyecto fue reforzar el liderazgo de las organizaciones locales frente a modelos de cooperación en los que las entidades internacionales concentran el diseño y la toma de decisiones.
IAMANEH MALI lideró la intervención sobre el terreno, mientras CooperAcció acompañó el proceso desde el apoyo técnico, la coordinación institucional y la gestión del convenio.
El proyecto buscó así que la población desplazada no fuera considerada únicamente receptora de ayuda, sino protagonista de las decisiones que afectan a su propia vida.
Con un alcance concreto de ocho meses, «Gnôgôn dèmè» acompañó a 368 familias y trabajó para mejorar el acceso al refugio, el saneamiento, la alimentación y la organización comunitaria.
La iniciativa no pretendió resolver por sí sola la crisis del Sahel, sino contribuir a que las familias de Sénou pudieran afrontar su situación con mayores capacidades, autonomía y dignidad.




